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<title>entreTlineas</title>
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<tagline>Entretenimientos para los que saben leer entre líneas</tagline>
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<copyright>Copyright 2006</copyright>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Soledad</title>
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	<modified>2006-02-17T21:34:23Z</modified>
	<issued>2006-02-17T21:34:23Z</issued>
	<dc:subject>De puertas para adentro</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/02/17/soledad"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/fotos/soledad.jpg"/></center><br />
<br />
La soledad es una mala consejera. Susurra sibilina, miedos y dudas al corazón, y tilda de un solo color todos los puntos de vista. No te facilita la existencia, no da alegrías, ni regalos, ni te ayuda en las tareas, ni cuida de tus hijos cuando tienes que salir. <br />
La soledad no calienta tu cama en un día frío, ni te acompaña en el sofá, ni conversa contigo durante la comida, ni mucho menos la preparará por ti el día que estés demasiado cansada. No te demuestra su cariño, y sí, sabe abrazarte tan fuerte que te cuesta respirar, pero no hallarás satisfacción ni consuelo alguno en ello. <br />
La soledad te envejece a fuerza de buscar y no encontrar ojos leales, ni citas para las que arreglarse, ni ilusiones, ni ánimo para sonreír. Te endurece el corazón, pues ni te consuela en el llanto, ni te protege en la desgracia, y esa mala pécora acaba por hacerte invulnerable e insensible.<br />
La soledad es una compañera infame, que te domestica y se hace forzosa sin serlo, que te acapara, te secuestra y te absorbe como el pozo sin fondo que es.<br />
Y dicen quienes entienden que estar sola no es sentirse sola, y que la soledad bien puede custodiarte estando acompañada. Esto lo sé yo bien, pues tengo padres, hermanas, hijos, marido, compañeros, colegas de mi marido, madres de amigos de mis hijos, conocidos, vecinas… pero sólo tengo una amiga, sólo una de verdad junto a mí, la soledad.]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Ojos de loco</title>
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	<modified>2006-02-14T18:50:10Z</modified>
	<issued>2006-02-14T18:50:10Z</issued>
	<dc:subject>Retales en cien palabras</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/02/14/ojos-de-loco"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/mundo.jpg"/></center><br />
<br />
Me sucede a veces que enloquezco, y desde mi ventana, el mundo me parece muy pequeño. Se torna mi visión lejana, como si saliera del encuadre, y mi posición ajena, lo ve todo nebuloso y distorsionado.<br />
Mudo mi percepción de cuanto abarco, y me crecen como baobabs los edificios, la fuente del parque se transforma en rosa, y se vuelven volcanes aquellas colinas que mi mente disfraza. <br />
Pero donde otro fue genio hacedor de príncipes yo soy loco diagnosticado y encerrado, y todo en derredor se desfigura, y al dar un paso más, me salgo del planeta y me suicido.]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
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	<title>El rincón</title>
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	<modified>2006-02-12T19:08:00Z</modified>
	<issued>2006-02-12T19:08:00Z</issued>
	<dc:subject>Entresijos de seda y organza</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/02/12/el-rincon"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/rincon.jpg"/></center><br />
<br />
Hay un rinconcito de mi cuerpo distinto a todos los demás. Un trocito de piel suave que, a diferencia del resto igualmente suave, se eriza y sucumbe al contacto de un roce, y me transporta, del hilo de su terminación nerviosa, a la fruición más impetuosa. <br />
Es un rinconcito pequeño, difícil de descubrir entre el manto cálido y erizado de mi dermis, pues no tiene nombre propio, ni despunta como otras protuberancias descaradas que al excitarme, exigen atención sobresaliendo. Pero existe, está ahí ese rinconcito, y cuando en un descuido pasas cerca y lo acaricias, casi siempre sin tener conciencia de ello, me siento estremecer y me tenso de goce cual tambor con piel recién calzada. <br />
Sí, ya sé que tú has intuido su existencia, y que solicitaste la aquiescencia de ser conocedor de su presencia. Pero has de buscarlo por ti mismo, tal es el castigo y premio que te impongo, búscalo sin prisa, rastrea sin desespero. Búscalo mi bien, que si lo encuentras, moriré entre tus brazos de deseo.]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>¿A quién quiero engañar?</title>
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	<modified>2006-02-10T10:13:25Z</modified>
	<issued>2006-02-10T10:13:25Z</issued>
	<dc:subject>Hablando de nada</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/02/10/a-quien-quiero-enganar2"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/consultorio.jpg"/></center><br />
<br />
¿A quién quiero engañar? Yo no sé escribir, mi mediocridad es tan asfixiante que me desquicia, pues el peor de los castigos es la clara percepción de mi simplismo. Miro al frente y sólo veo un camino, el alienante y rutinario sendero de la vida anodina. Sin aspiraciones, sin triunfos, sin deseos…<br />
Soy como un trineo deslizándose en la pista de hielo, a veces más veloz, a veces más inclinado, a menudo pareciendo salir del surco en la siguiente curva, empujado por la grandiosa fuerza centrífuga, pero volviendo sumiso al camino correcto en pos de la relación: acción-reacción.<br />
He tratado de buscar ayuda, apoyo, consuelo, pero no le importo a nadie, ni siquiera poseo la capacidad inherente al desvalido de provocar cariño, pues quien me rodea no repara en mi desamparo gracias a mis dotes de actriz.<br />
Yo actúo pero… ¿A quién quiero engañar? Todo es una farsa, lo que digo, lo que escribo, lo que anhelo, todo una representación vulgar y poco talentosa de mi papel de mujer perfecta. Finjo sentirme bien conmigo misma y contesto día a día ese consultorio, alimentando una quimera que consuela a otros a cambio de cubrirme de excrementos. <br />
Y ahora es cuando, siguiendo la tónica habitual en mis finales, debería convencer al lector de que quien habla, es la foto del consultorio sentimental de una modelo de revista, que ha terminado en la jaula del canario. Y así escondería mis sentimientos detrás de los de otro ser imaginario e inanimado, burlándome de mí misma una vez más. Debería escribir ese final, pero esta vez no me apetece, porque en realidad… ¿A quién quiero engañar?]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Si pienso en ellos</title>
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	<modified>2006-02-07T10:38:34Z</modified>
	<issued>2006-02-07T10:38:34Z</issued>
	<dc:subject>Líneas entre las líneas</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/02/07/si-pienso-en-ellos"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/fulana.jpg"/></center><br />
<br />
Me he cruzado en mi camino con hombres cuya creencia indiscutible de que el deseo llama al deseo, les llevaba a concluir que, puesto que codiciaban mi cuerpo, yo sentía parejo, y trataron así de saciar sus reales y mis supuestos instintos por la fuerza. <br />
Otros, enamorados de una quimera con rostro de mujer, me convirtieron irracionalmente en tal, como quien concede una valiosa dádiva, y exigieron en pago mi amor agradecido. <br />
Hubo incluso quien me enumeró tantas penalidades como sufrió en su vida, apelando a mi conmiseración, para meterse así entre mis consoladores brazos primero y entre mis turgentes muslos después. <br />
Y ellos, todos ellos, decían la palabra deseo inmediatamente después de la palabra cariño, y declaraban su amor sin alcanzar a entender siquiera la entrega que implica ese sentimiento, y me juraron mil veces cambiar y me mintieron.<br />
Por eso, ahora que pienso en todos aquellos hombres que se cruzaron en mi camino, todos los que quise y todos los que dijeron quererme, ahora que la vida me llevó a ser puta y pienso en ellos, descubro que lo único que los diferencia de mis clientes de hoy, es que los otros, los muy listos, pretendían que el polvo les saliera gratis.]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Pleno sentido</title>
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	<modified>2006-02-01T15:22:38Z</modified>
	<issued>2006-02-01T15:22:38Z</issued>
	<dc:subject>Hablando de nada</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/02/01/pleno-sentido"><![CDATA[<br />
<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/ternura.jpg"/></center><br />
<br />
Hoy tengo uno de esos días en los que me sale la ternura por todos los poros del cuerpo. Un día de esos en los que me siento afable, pacífica, y tengo la necesidad imperiosa de acariciar cuanto me rodea, de abrazarte y besarte muchas veces antes de que te marches al trabajo, de rozar el suave lomo de nuestra gata que dormita sobre una silla, y al salir, deslizar los dedos por las hojas del jazminero que hay a la entrada de casa.<br />
Es uno de esos días en los que me siento tranquila conmigo misma y predispuesta a cuidar de todo el mundo, siento una pequeña chispa de felicidad en el corazón, sonrió amablemente a cualquiera que se cruce en mi camino, y dedico horas y esfuerzo a facilitar la vida de los que me rodean. Por eso hoy, preparo la comida más deliciosa y sirvo el café en tacitas de porcelana, te pregunto como te fue el día y escucho pacientemente tus monotonías, te quito al niño de encima cuando te molesta y te dejo descansar toda la tarde. Hoy, por aquello de ser uno de esos días, me esfuerzo en cuidar mucho de ti.<br />
Y es que hoy es uno de esos días en que me sobra cariño y me pongo mimosa a cada paso. Y me encuentras agarrada a tu jersey en cuanto te descuidas, metiéndome entre tus brazos y simulando sentir frío. Y me acurruco a tu lado mientras ves el telediario en el sofá, mirándote encandilada y escuchando tus protestas contra el gobierno. Y juego con tu mano cuando la apoyas sobre mi rodilla, y la acuno entre las mías, y la beso, y jugueteo distraída mientras hablas.<br />
Por eso, porque hoy es uno de esos días en que me siento bella por dentro, trato de embellecerme también por fuera. Me maquillo un poquito, me coloco ese vestido que te encanta y aquella combinación de encaje que aún te gustan más, e incluso me pongo unas gotitas del perfume caro para completar el conjunto. Y quiero estar preciosa en este día, y ser tan dulce, tan cálida y tan cariñosa, que con sólo tenerme cerca cobre pleno sentido para ti la palabra ternura.<br />
Pero tú, al mirarme y percatarte de que hoy es uno de esos días, has huido aterrado al bar de enfrente, y una vez más, le has dado pleno sentido a la palabra desprecio.]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Lección aprendida</title>
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	<modified>2006-01-30T02:45:53Z</modified>
	<issued>2006-01-30T02:45:53Z</issued>
	<dc:subject>Entretejiendo futuros</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/01/30/leccion-aprendida"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/pitagoras.jpg"/></center><br />
<br />
Hace una semana llevé a mi pequeño e inteligente <a href="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2005/06/03/mis_criaturas_fantasticas " target="_blank">búho blanco</a>, a la consulta de preanestesia del hospital infantil de la Ciudad Sanitaria, para entrevistarnos con el anestesista que ha de dormirlo antes de ser operado de sus preciosos ojos azules.<br />
Llegué sola, con mi pequeño Pitágoras de la mano, y recorrimos en silencio el complicado entramado de corredores y salas neutras que conducían a pediatría, cruzando de reojo nuestras miradas con tantos como esperaban pacientemente en la puerta de cada consulta. Llegamos, siempre de la mano, a un largo y aséptico pasillo ceniciento, con una hilera de sillas a un lado y una puerta gris al otro, en la que rezaba el cartel “Preanestesia Pediátrica”, saludé discretamente a los presentes y nos sentamos a esperar nuestro turno. Reparé en que era la única madre que había acudido sola con su niño, el resto iban acompañadas del padre, la abuela, el abuelo, una hermana, o las distintas combinaciones en grupos de tres de estos elementos edecanes, y aunque entonces no entendí la finalidad de esa compañía, no tardé mucho en envidiarla. <br />
La puerta se abrió y asomó una enfermera de cabello plateado y rostro plomizo. Tenía una expresión extrañamente amable y condescendiente, como perpetuamente apenada, y con una triste sonrisa nos fue entregando, uno por uno, el cuestionario preliminar con todas las enfermedades del mundo y un folleto informativo sobre la anestesia y sus riesgos que, me explicó, debía leer muy atentamente.<br />
Me senté otra vez junto a Pitágoras, que no perdía detalle de la escena, y comencé la lectura: … riesgos y posibles complicaciones… operaciones o exploraciones que ocasionan dolor… impedir el dolor y mantener las funciones vitales… pérdida de conciencia… pinchar una vena. No tardaron en darse las primeras reacciones a nuestro alrededor. La mujer que se sentaba a mi derecha salió a fumar un cigarrillo con el papel arrugado en las manos, mientras el marido entretenía a su pequeño con un bolígrafo. A mi izquierda, una madre joven entregó la hoja a su padre con un susurrado “yo no puedo seguir leyendo”, un poco más allá un hombre abrazaba suavemente a su pareja y la tranquilizaba “no te preocupes, esto sólo es por saberlo, no va a pasar nada de lo que pone ahí”. Yo sentía que me temblaba el pulso, el pasillo se volvía mucho más gris, y los ojos de mi pequeño Pitágoras mucho más grandes e interrogantes. Le sonreí y seguí leyendo: …se introduce un tubo en la traquea… evita que un posible vómito entre en los pulmones… no hay anestesia sin riesgo… alergia o anafilaxia… retraso en la recuperación. Sentí la mirada de mi hijo por encima de mi brazo, estaba tratando de leer lo que yo estudiaba tan seria, volví a sonreírle y le expliqué flojito que sólo eran papeles de mayores. Notaba el silencio denso y aplastante de la sala, y Pitágoras me pareció de pronto mucho más delgadito y pequeño, más frágil que nunca. Quise cambiarme por él y sufrir diez veces su dolor para que él no sufriera, quise tomarlo en brazos y salir corriendo de allí, quise huir… hay reacciones muy graves e imprevisibles… hipertemia maligna… trasfusiones de sangre, si se opone totalmente debe advertirlo… canulaciones de vías venosas centrales o vías arteriales… riesgo sobreañadido. Sentí las lágrimas acumularse en la boca de mi estómago, las noté subir hasta atenazar mi garganta. Pitágoras me miraba expectante y a mí la sonrisa se me había vuelto una mueca absurda y falsa, estaba a punto de llorar, y entonces, aparecieron ellos, los payasos.<br />
Eran dos actores vestidos con grandes batas de mil colores que se presentaron como Paco el payaso flaco y la payasa Tomasa. Venían cargados de globos y pronto, entre bromas y chistes, hicieron figuras para todos los niños de la sala. El Payaso Paco hizo para Pitágoras un precioso caniche con un globo blanco y dedicó un buen rato a tratar de sacar una sonrisa a mi pequeño y tímido búho, sin mucho éxito. Entonces, se acercó la payasa Tomasa, y percatándose de que Pitágoras miraba de reojo las espadas globo de los otros niños, le preguntó si quería una. Mi educado pequeño explicó que ya tenía un perro globo y dio las gracias, pero Tomasa insistió: “si la quieres yo te la hago”. Pitágoras bajó la mirada muerto de vergüenza y yo traté de echar una mano: “Vamos Pitágoras, Tomasa dice que te hace una espada aunque ya tengas el perrito, di que sí” . Todas las miradas estaban clavadas en el pequeño indeciso y él se escurría de la silla con la cabeza enterrada en el pecho, de pura timidez. Pero la payasa Tomasa se le plantó enfrente, con los brazos en jarras, y le dijo: “Mira, Pitágoritas, muy pocas veces en la vida vas a tener la oportunidad de elegir lo que quieres y que te lo den, así que decídete, di que sí y tendrás una chulísima espada globo mágica”. Y para mi sorpresa, y yo diría que también la de Tomasa, Pitágoras levantó el rostro y pronunció un sonoro: “Pues sí, y roja que es mi color favorito”. <br />
Después de enseñar a los niños a frotar sus espadas mágicas con la ropa para que se quedasen pegadas a la pared, y de hacerle ocho espadas diferentes a un bebé de un añito que, entre las risotadas del resto de críos, las rompía todas al minuto de tenerlas, la payasa Tomasa se despidió y a nosotros nos llamaron a consulta. <br />
Durante el camino de vuelta ambos reímos con ganas recordando las bromas de los payasos, y ese día, Pitágoras y yo aprendimos una gran lección. Él, a sus seis añitos, ya sabe que debe pedir sin temor aquello que quiera conseguir. Yo he descubierto que a veces, cuando la vida se torna terriblemente gris, una payasa Tomasa puede todavía, a mis treinta y seis abriles, ahuyentarme las lágrimas.]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Salvajes</title>
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	<modified>2006-01-28T13:45:05Z</modified>
	<issued>2006-01-28T13:45:05Z</issued>
	<dc:subject>Líneas entre las líneas</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/01/28/salvajes"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/aceite.jpg"/></center><br />
<br />
Tika dejó escapar un gruñido gutural, disonante y profundo. Olfateó el aire frente al rostro de Kaco, miró su nariz con ojos felinos y le pegó un lengüetazo en toda la cara.<br />
Kaco respondió salvaje, se lanzó sobre ella inmovilizándola con el peso de su propio cuerpo y le mordió el cuello entre rezongos. Tika bufaba tratando de zafarse de la mordida de esa boca, que atenazaba su yugular incansable, mientras el fuerte cuerpo de Kaco se apretaba y restregaba contra el suyo. Desesperada, la hembra comprobaba que cada movimiento de forcejeo, lejos de propiciar la huida deseada, acoplaba su cuerpo al del macho más aún, y que cada amago de gruñido o lucha espoleaba el deseo de Kaco, que rugía salvajemente en respuesta, loco de pasión.<br />
Tika le clavó las uñas en la espalda, ocho punzadas limpias y profundas que hicieron que Kaco se arquease de dolor soltando a su presa, y entonces ella, con un movimiento agresivo y rápido, rodó sobre su cuerpo poniéndose encima, en situación privilegiada.<br />
Kaco quedó tumbado boca arriba, resoplando, admirando las formas de la hembra sentada sobre él, expectante ante el nuevo giro de las circunstancias. Tika sonreía triunfante, sus uñas descansaban ahora amenazantes sobre el pecho del macho, listas para clavarse al mínimo esfuerzo de su dueña, y entonces comenzó a recostarse tranquilamente sobre el cuerpo jadeante de su amante, se ensartó con soltura en su erecto sexo y le siguió lamiendo y mordiendo a su antojo mientras comenzaba un lento movimiento de caderas. Kaco cerró los ojos y pudo sentir como se deslizaba sinuosa, sentía su peso liviano y su suavidad de terciopelo, sentía la punzante amenaza en su torso, y el ronroneo incitante en su oído, se sentía enloquecer de placer entre sensaciones encontradas, mientras Tika lamía con dedicación el hombro, cuello y orejas del desconcertado hombre. <br />
Entonces ella gritó, fue un maullido intenso y salvaje, tan penetrante que Kaco sintió que le atravesaba los oídos, que le estrujaba el cerebro, que le recorría la espina dorsal como una punción, y asustado, empujó a Tika  lejos de él. Ella chilló de nuevo al verse lanzada contra el cabecero, se incorporaron ambos y quedaron a cuatro patas, cada uno en un rincón opuesto de la cama, mirándose confusos.<br />
- ¡Tika, Martika! Cariño, ¿estás bien? ¿te has hecho daño?<br />
- No, no, estoy bien, pero…es que follas muy raro, Kaco.<br />
- Pues anda que tú.]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>En la mejilla</title>
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	<modified>2006-01-26T10:10:37Z</modified>
	<issued>2006-01-26T10:10:37Z</issued>
	<dc:subject>Entresijos de seda y organza</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/01/26/en-la-mejilla"><![CDATA[<br />
<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/beso.jpg"/></center><br />
<br />
<br />
Dame un beso, aquí, en la mejilla, un beso suave de esos labios cálidos.<br />
Bésame en la frente, en los parpados, en los pómulos, en la comisura de los labios. Prometo estar muy quieta, cerrar los ojos y sentir la dulzura de tus besos. Déjame disfrutar el roce de esa boca acariciante y dame un beso, aquí, en la mejilla.<br />
Dame a beber de tus labios y bébete mi rostro palmo a palmo, a sorbitos, jugando a ser ventosa de tentáculo de octópodo. O chúpame la piel si lo deseas, cual sabueso goloso y salivoso, y ahoga mis protestas por gesto tan baboso, lamiéndome los labios con descaro. Hazme reír entre ruiditos labiales y cosquillas, pero antes, dame un beso, aquí, en la mejilla.<br />
Y después, desciende por mi cuello, pasea por mi piel hasta mi pecho, besa con fruición todo mi cuerpo que yo responderé gimiendo a cada beso. Enséñame de sensaciones, de caricias sencillas y sentidas. Recórreme, explórame, rastréame, mátame de deseo con tu labios, pero espera, antes, un momento, antes bésame, dame un beso, aquí…<br />
]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Silencio</title>
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	<modified>2006-01-24T10:47:35Z</modified>
	<issued>2006-01-24T10:47:35Z</issued>
	<dc:subject>De puertas para adentro</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/01/24/silencio"><![CDATA[<br />
<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/silencio.jpg"/></center><br />
<br />
Tú dijiste que habías despertado del sueño y yo ya no era la mujer soñada. Dijiste que tu vida era muy cómoda sin mí, que entendiste que no teníamos futuro y más tarde ni siquiera me entendiste. Y al fin, dijiste que mis palabras te hacían daño y que era preferible que nos tomásemos un tiempo.<br />
Quise contarte entonces que la desilusión era mutua, que mi idea del romanticismo no pasaba por echar un polvo con los abrigos puestos en el colchón desnudo de una habitación destartalada, que confié en ti y en que nuestra relación mejoraría con paciencia, que te creí cuando dijiste que nada te apartaría de mi lado, que te conté mis más ocultos temores al rechazo y me pagaste rechazándome.<br />
Quise decírtelo, pero callé, guardé silencio por orgullo, por vergüenza, por cariño… porque mis palabras no te hirieran como a mí me herían las tuyas.<br />
]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Madurez</title>
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	<modified>2006-01-22T18:11:37Z</modified>
	<issued>2006-01-22T18:11:37Z</issued>
	<dc:subject>Líneas entre las líneas</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/01/22/madurez"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/manzana.jpg"/></center><br />
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Es hora de acabar, amiga mía, cesar de martirizarme, olvidar esta existencia de penalidades y desistir de luchar contra los elementos. La tristeza me atenaza el corazón, y si bien me aterroriza lanzarme al vacío y acabar para siempre, me espanta más aún pasar otro día en este mundo cruel. <br />
No me juzgues, mi impúber amiga. Llevo toda la vida, larga vida, soportando y sobreviviendo a cuantas injusticias imagines, con resignación y optimismo, pero ahora que he madurado, ya no consiento ni una más.<br />
Quizá tengas tú razón y sean manías de mi vejez, aunque suene a frase propia de tu edad. La verdad es que estoy muy cansada, cansada de luchar por ser la mejor "Yo" cada día, de perseverar para crecer por dentro igual que por fuera, de esforzarme mientras veo a otros a mi alrededor obtener tanto como he alcanzado, o vivir incluso mejor, sin invertir en ello ningún esfuerzo. <br />
Y es que esta naturaleza nuestra, mi inexperta amiga, es muy injusta, pues obtiene más sol, más alimento, más agua incluso, uno que otro sólo por el lugar del árbol donde ha nacido, y no hablemos ya del resto de los dones cultivados. Pues si miras al norte verás a tantos que tanto tienen y no valoran, y si miras al sur verás a tantos otros que claman pidiendo la cuarta parte de lo que nosotras mismas menospreciamos.<br />
Por eso no quiero seguir viviendo en este mundo, por lo injusto que es, tú aún estás muy verde para entenderlo, todavía tienes ilusión, pero yo siento el peso de los años, un gran peso que no puedo soportar. <br />
Desde pequeña me esforcé en ser bondadosa, y siempre me tomaron por idiota. Conforme crecía, cuando por fuera aún era lozana, me preocupaba por cultivar un buen interior, hasta que un día entendí que sólo importa la apariencia, que sólo por fuera han de mirarte y valorarte. <br />
Es por eso que ahora que me pesa tanto el tiempo, con la piel curtida y  enrojecida al sol, ahora que ya soy fruta madura, me importa poco aparentar, o gustar, o congraciarme con el mundo, estoy tan desencantada del vano esfuerzo, que el vacío se me antoja apetecible. <br />
Ya concluyo buena amiga, siento la madre rama doblarse con mi peso, ese peso que atenaza mi maduro corazón de manzana. Me suelto del árbol, agárrate manzanita joven que esto va a moverse mucho, y no llores la pérdida, amiga mía, que tras de mí ha de quedar una semilla de esperanza.<br />
Ya caigo, ya muero, ya me estrello contra el suelo… ]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
	</author>
	<title>Aquí no</title>
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	<modified>2006-01-20T10:01:03Z</modified>
	<issued>2006-01-20T10:01:03Z</issued>
	<dc:subject>Hablando de nada</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/01/20/aqui-no"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/fumar.jpg"/></center><br />
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Hoy no publico aquí, me pudo mi amor de madre y una <a href="http://gatopardo.blogia.com/ " target="_blank">gata</a> con muchos humos que me encontré por ahí, así que me fui a publicar a su casa.<br />
Tiene cojones (con perdón) la cosa, Gatopardo dice: “Fumo mínimo tres paquetes de Celtas diarios desde los quince años; y renuncié hace mucho a considerar digno de estar en mi presencia a quien hable contra el noble quehacer de fumar”. Entonces llego yo, le pido hueco para quejarme del tóxico mensaje que ofertan a nuestros impúberes, y me lo da encantada. <br />
Lo que digo yo, a lo peor es que esta gata es más buena de lo que quiere reconocer…<br />
<a href="http://gatopardo.blogia.com/2006/011901-tautina-contesta-a-antonio-garcia-munoz.php#comentarios " target="_blank">(pincha en el enlace para leer el artículo)</a>]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
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	<title>El loco de la luna</title>
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	<modified>2006-01-18T00:01:26Z</modified>
	<issued>2006-01-18T00:01:26Z</issued>
	<dc:subject>Líneas entre las líneas</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/01/18/el-loco-de-la-luna"><![CDATA[<br />
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<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/loco.jpg"/></center><br />
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Dime, loco, de dónde has salido.<br />
Me pregunto qué puedo hacer contigo, cómo explicarte que no te pertenezco, que no soy la que idealizas, que en nada me parezco a aquella de igual nombre que idolatras.<br />
Cada noche me miras expectante, te postras a mis pies cual fiel amante y me ofrendas tus poemas de enamorado. Y no importa que yo no te responda, que en tu cariño no te corresponda, tú sigues insistiendo en el cortejo.<br />
Te he visto seguirme por las calles, esperarme en parques y plazuelas, no te cansas, nunca desesperas, cual loco enamorado perseveras. Has llegado a asustarme en ocasiones, pues me mandabas tus besos y susurrabas dulzuras por oscuros callejones. Y a pesar de que soy inalcanzable, que un pobre hombre no puede poseerme, te empeñas en no ser razonable, y me juras amor, amor palpable. <br />
¿No entiendes que como tú ha habido abundantes, que el mundo está lleno de hombres importantes que me miraron con los ojos que me miras? ¿Te crees acaso diferente a tantos que una vez alzaron hacia mí su enamorada cantinela? ¿Te crees excepcional o más dotado que los que te precedieron ensalzándome como amada de plateada estela?<br />
Pobre loco que te sueñas querido por la más fastuosa de las diosas, que confundes a la magna Selene con mujer corpórea y recíproca, que crees a la luna humana y pierdes tu tiempo en cortejarla… ¿Pobre tú? <br />
Pobre yo, que contesto a tu reclamo. Pues soy luna majestuosa y brillante, pero me siento tan sola en esta noche, tan sola en este instante, que atiendo al loco que alzó los ojos, y me agasajó con su delirante amor galante. ]]></content>
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	<author>
		<name>Tautina</name>
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	<title>La merienda</title>
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	<modified>2006-01-16T11:20:06Z</modified>
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	<dc:subject>Retales en cien palabras</dc:subject>
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<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/merienda.jpg"/></center><br />
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Hay una niñita linda sentada en el suelo de ese gran patio y tres perros que le hacen corro y le atienden muy de cerca, ella come unas ricas natillas y parece contar un cuento a los compañeros perrunos, entre cucharada y cucharada. Pero sólo hemos de acercarnos un poco, y vemos a la pequeña desastrada, sucia y sin zapatos, entre los tiznes le asoma el rostro macilento y las natillas se tornan leche con gacha de pan en cuenco roto, y la oímos susurrar a los perritos: “No se me acerquen, no hay más, de aquí no sobra”.<br />
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	<author>
		<name>Tautina</name>
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	<title>La carta de deseo</title>
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	<issued>2006-01-14T08:50:52Z</issued>
	<dc:subject>Guárdame el secreto</dc:subject>
	<content type="text/html" mode="escaped" xml:base="http://entretelineas.bitacoras.com/archivos/2006/01/14/la-carta-de-deseo"><![CDATA[<center><img src="http://entretelineas.bitacoras.com/ultimas/deseo.jpg"/></center><br />
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 Desde que decidí escribirte no dejo de darle vueltas a estas letras, por ver la forma correcta de escribirlas, pues no es ésta una carta semejante a esas de amor que te escribo de continuo, llena de romanticismo y palabras líricas, ésta no es como las otras, no, es una carta de deseo. <br />
 ¿Tú crees que existen las cartas de deseo? Yo no recuerdo haber oído hablar de ellas, sé que coexisten cartas privadas, cartas de amor, cartas públicas, cartas abiertas, cartas doctrinales, cartas nuncupatorias e incluso la carta poética tiene su lugar en la historia, donde ostenta plaza de honor la carta Magna, pero jamás escuché hablar de un tipo de correspondencia que se denominase “carta de deseo”. Quizá sea obsceno hablar de ellas en público, y mientras el amor debe proclamarse a los cuatro vientos para ensalce de la naturaleza humana, el anhelo físico debe acallarse por el bien de las formas sociales.  O quizá, y esto será lo más probable, simplemente no existen. Y si lo pienso bien tiene su lógica, porque el amor se lleva en el corazón y se puede alimentar en la distancia con sólo evocar al ser amado, pero el <br />
deseo… el deseo es algo instintivo y físico, un hambre del cuerpo que sólo el cuerpo puede saciar, un anhelo tangible que necesita de dedos rastreadores, humedades, roces y caricias para ser satisfecho, y no de un papel en blanco para ser escrito.<br />
Por eso será que no existen las cartas de deseo, porque de la pasión se habla nariz con nariz, mirándose a los ojos, mezclando con besos las palabras. Y es que si he de explicarte mi ardor quiero estar pegada a ti mientras lo haga, con tu cara entre mis manos para no perder detalle del brillo de esos ojos, con tu cuerpo soldado al mío para sentir la excitación que te produce mi delirio, con tus manos recorriéndome urgentes el cuerpo y destapando el placer que mis labios prometen. Así es como se cuenta el deseo, entre susurros entrecortados por los arrumacos, diciendo sin decir porque has dejado de pensar y sólo sientes. Con preguntas apremiantes y vibrantes “¿quieres? Dime, habla, ¿sí? Di que lo deseas, dímelo. ¿Me necesitas? Vamos, pídelo”. Con la avidez de quererlo todo y no saber cuanto se quiere, de abarcarlo todo sin ser capaz de abarcar más, de respirar al otro cuando casi se olvida ya respirar. Así hablo yo de deseo, y así habría de escribirlo sobre tu cuerpo, suave, muy suave, dibujando con las uñas cada letra, que no sobre un papel en blanco para ser escrito.<br />
Por eso es que desisto de escribirte, mi antojo codiciado, y desespero, pues no existen, ahora lo sé, las cartas de deseo. Y es que nadie pudiera trazar tal sentimiento, que es tanto lo que siento, tanto anhelo, que no logro ya, ni sé, escribir de ello.]]></content>
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